En la primera mitad del siglo pasado, los montevideanos de buena posición social comenzaron a expandir sus sitios de recreo, buscando el desahogo en “casitas de fin de semana o veraneo”. Las costas de Rincón de la Bolsa fueron uno de los lugares elegidos. Entre esos primeros visitantes, quien se encariñó al punto de mandarse construir aquí su chalet, fue Gerardo Matos Rodríguez. Esa casa en el km 26 que hoy luce abandonada, como cuña entre las rutas nueva y vieja, tal vez pretendiendo ser un eslabón invulnerable entre el pasado y el presente.
Al “Becho” Matos Rodríguez lo identificamos espontánea y avaramente con su obra emblemática “La Cumparsita”, aunque en realidad fue un autor prolífico durante una vida no muy extensa. Existen registros de autoría de más de 75 temas, muchos de ellos de enorme difusión popular, habiendo incursionado por varios estilos además del tango, la canción y la milonga, como el fox-trot, la ranchera, el vals, la romanza, el paso doble, la marcha, la zamba, el gato, etc. Muchos de ellos compuestos para películas famosas aún lejos del tanguero Río de la Plata. Aunque no cabe duda de que su obra maestra fue ese tema que goza del privilegio de ser el que tiene más cantidad de interpretaciones grabadas en el mundo, el que se usó en la banda sonora de más de 110 películas filmadas en todos los continentes. En los ’80 se decía que no había persona sobre la tierra que oyera música y no hubiera escuchado alguna vez “La Cumparsita”.
Pero los uruguayos tenemos una condición inalienable, que es la de apropiarnos de la gloria que nos rodea con la misma facilidad que desestimamos a los artífices de esas obras. Nos jactamos de Maracaná, el mundial del 30, de que Gardel sea uruguayo al igual que ese himno de la música ciudadana. Pero ¿qué reconocimiento tenemos hacia los verdaderos forjadores de nuestro orgullo? Tal vez sea la mejor manera de iniciar un nuevo período comunal, un acto de justicia con quien nos ha legado tan importante motivo de identidad y vanagloria. Sería un merecido homenaje para aquel vecino, el “Becho” Matos Rodríguez, que la calle que pasa frente a la que fuera su casa de descanso, la Ruta 1 Vieja, llevara su nombre para recordarlo.
Santiago Brun